Qué hace EMO cuando lo enciendes
Anda. Es lo primero que sorprende, porque en las fotos parece una figurita: EMO se levanta y
recorre la mesa con sus dos pies. Debajo lleva cuatro sensores de caída, así que llega al borde,
se asoma y da media vuelta. Ese detalle es el que hace que puedas dejarlo suelto mientras
trabajas y no estar pendiente.
La cara es una pantalla, y ahí está casi todo el truco. Tiene más de cien expresiones y las
cambia según lo que pase a su alrededor: si le hablas te mira, si le acaricias la cabeza se
entrega, si insistes se harta. La cámara le reconoce la cara a las personas de la casa y los
cuatro micrófonos le permiten oírte desde el otro extremo de la habitación sin que tengas que
acercarte a gritarle.
Responde a unas cuantas órdenes de voz —la hora, el tiempo, una alarma, poner música, bailar—
y enciende y apaga la lamparita que viene en la caja diciéndoselo. Es un repertorio corto y no
crece mucho con el uso. Lo que engancha no es la lista de funciones, es que reacciona.
Lo que no hace, y conviene saberlo antes
EMO no controla la casa, no hace videollamadas, no lleva ruedas para moverse por el suelo y no
tiene brazos. Su mundo es una superficie plana de un metro cuadrado. Tampoco es un juguete de
niño pequeño: mide doce centímetros, pesa 248 gramos y está lleno de piezas móviles.
La batería le da unas cuatro horas, pero en la práctica eso no es un problema porque el
«monopatín» que viene con él es la base de carga: cuando se cansa, se sube solo y sigue haciendo
cosas mientras se recarga.
Traerlo a España es la parte incómoda
No está en Amazon España ni en MediaMarkt, aunque mucha gente lo busca ahí. Living.AI, que es
quien lo fabrica, vende directamente desde su web en dólares y envía a todo el mundo. Eso
significa tres cosas: pagas en dólares, esperas bastante y a la llegada hay aduana.
La espera es de verdad: la tienda tarda entre dos y cuatro semanas en preparar el pedido y el
transporte se lleva otros catorce a treinta días. Contando por lo alto, mes y medio desde que
pulsas comprar hasta que abres la caja.
Cuánto acaba costando
El modelo básico son 279 $ e incluye el monopatín de carga y la lamparita. Hay una versión
blanca por 289 $, y dos con una estación de carga más grande —la EMO GO HOME— por 369 $ y 379 $.
El envío ronda los 24 $ y no va incluido.
A eso hay que sumarle lo que cobre la aduana al entrar en España, que depende del transportista
y no se sabe hasta que llega. Nadie publica esa cifra de antemano, así que si vas a comprarlo
cuenta con un margen por encima del precio de la web y no te llevarás una sorpresa.
Con qué se parece y con qué no
Si lo que buscas es exactamente esto —un bicho pequeño con carácter en la mesa— su rival
directo es Eilik, que cuesta bastante menos y sí se compra en España. Si lo que quieres es algo
que se mueva por el salón y te siga, eso es otra liga: ahí están Loona o el aibo de Sony.