Qué hace Eilik
Tiene dos brazos, una cara de pantalla OLED y cuatro servos. Con eso monta un repertorio sorprendentemente amplio: se apoya en la mesa, se estira, se cae de espaldas, aplaude, se tapa la cara. La gracia está en que no repite siempre lo mismo. Si lo dejas quieto se aburre y hace algo para llamar tu atención.
Reacciona a las caricias —lleva sensores táctiles— y al ruido. Hay un modo de juego con minijuegos en la pantalla y un modo en el que dos Eilik puestos juntos interactúan entre ellos, que es la razón por la que el pack de dos existe.
Lo de que funcione sin internet
Es la diferencia grande con Loona, con Vector y con casi todo lo demás. Eilik no lleva wifi. No hay cuenta que crear, no hay aplicación obligatoria, no hay servidor que se pueda apagar dentro de tres años dejándote un pisapapeles. Lo que compras es lo que tienes, para siempre.
El precio de eso es que no habla, no responde preguntas y no aprende nada de ti. Su personalidad está programada de fábrica y ahí se queda.
Autonomía y carga
Hora y media de juego continuo con una batería de 450 mAh, y una hora para recargarlo. No es mucho, pero se carga por USB y en la práctica lo tienes enchufado en la mesa la mayor parte del tiempo.
Comprarlo en España
Este es fácil. Lo vende Energize Lab —el propio fabricante— en Amazon España, a 169 euros, con envío en dos o tres días. Sin aduanas, sin dólares y sin esperas de mes y medio. Es, de hecho, el único robot de esta categoría que se compra sin ninguna pega.
En la tienda oficial hay más variantes: el pack de dos, una edición especial y una estación con inteligencia artificial que se vende aparte. Todo eso viene de China, con lo que eso implica.
Con qué compararlo
Su rival directo es EMO, que cuesta casi el doble puesto en casa, anda por la mesa y sí habla. Si lo que buscas es algo que se mueva por el salón, esto no es: mira Loona.